Si paseas por Malasaña y te juran que ahí está “la mejor tortilla”, desconfía… salvo cuando te mandan a La Ardosa. Esta bodega de la calle Colón lleva más de cien años en pie y no es postureo: es de esos sitios donde la barra siempre está a reventar y a los dos minutos entiendes por qué. La tortilla de patata es jugosa, de las que se deshacen, y aquí no hay debate de con cebolla o sin cebolla porque simplemente está en su punto. ¿El acompañamiento obligatorio? Un vermut de grifo bien fresquito, como manda la tradición.
Las paredes de azulejo, el botellero infinito y el ruido de la gente apretada en la barra le dan ese aire castizo que no se finge. No es para sentarte tres horas con mantel: es para llegar, pedir, brindar y seguir el parche por el barrio. Plan redondo para arrancar la tarde.